¿Qué me está pasando?
Conversaciones con Mónica
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«No sé qué me pasa».
Quizá alguna vez lo has dicho en voz alta. O quizá solo lo has pensado mientras seguías con tu día.
Trabajas, atiendes a los demás, organizas, resuelves y cumples con lo que tienes pendiente. Desde fuera puede parecer que todo sigue igual. Pero tú notas que algo ha cambiado.
Tal vez estás más cansada o más irritable. Tal vez te cuesta tomar decisiones que antes tomabas con facilidad. O algunas cosas que te ilusionaban ya no despiertan en ti lo mismo.
No siempre sabemos explicar lo que sentimos en cuanto empezamos a sentirlo. Y, cuando eso ocurre, es comprensible que queramos encontrar una respuesta rápida. Pero antes de preguntarte cómo solucionarlo, quizá puedas darte un momento para observar qué está pasando.
Te propongo cuatro preguntas. No necesitas responderlas todas hoy. Puedes quedarte con la que más resuene contigo.
¿Desde cuándo me siento así?
No hace falta encontrar una fecha exacta. Piensa si llevas semanas, meses o más tiempo sintiéndote diferente. ¿Recuerdas alguna pequeña señal a la que no pudiste prestar atención entonces?
¿Qué ha cambiado en mi vida?
Puede haber cambiado tu trabajo, una relación, las necesidades de tus hijos o de tus padres. Puede que estés viviendo otra etapa y mires de forma distinta cosas que antes dabas por hechas.
Y también puede ocurrir que no identifiques un gran acontecimiento. Que lo que haya cambiado seas tú.
¿Qué estoy necesitando y no estoy atendiendo?
Quizá descanso. Un límite. Ayuda. Tiempo para pensar. O volver a dedicarle espacio a algo que era importante para ti.
A veces reconocemos con facilidad lo que necesitan quienes nos rodean y nos cuesta hacernos la misma pregunta a nosotras mismas.
¿Hay algo que llevo tiempo evitando escuchar?
Puede ser una incomodidad, un deseo o una decisión que has postergado. No tienes que resolverlo ahora. Basta con observar qué aparece cuando te permites preguntártelo.
Comprender qué te está pasando no significa salir de este artículo con todas las respuestas. Puede empezar por reconocer una necesidad que habías dejado de lado o por poner palabras a algo que hasta hoy era solo una sensación.
Si te sirve, regálate unos minutos para escribir lo que surgió al leer estas preguntas, sin exigirte una conclusión.
Quédate con esta idea: escúchate con la misma paciencia con la que escuchas a las personas que más quieres.
Y si te apetece, compártelo con tus amigas.