Hay cosas que podemos delegar.
Y hay otras que forman parte de nuestra voz.
Durante un tiempo delegué parte de la
comunicación de mi trabajo.
Y tenía sentido.
Cuando tienes un proyecto propio, llega un
momento en el que parece que tienes que saber hacer de todo: trabajar,
organizar, crear contenido, diseñar, publicar, entender las redes sociales…
Y no podemos hacerlo todo.
Aprender a delegar también es importante.
Pero durante estos meses descubrí algo.
Hay tareas que puedo delegar.
Y hay otras que necesito hacer yo.
Escribir es una de ellas.
Porque cuando escribo no estoy simplemente
creando contenido.
Estoy haciendo algo muy parecido a lo que hago
cuando una mujer se sienta delante de mí en una sesión.
Escucho.
Observo.
Pregunto.
Y dejo un espacio para que aparezca algo que
quizá llevaba mucho tiempo esperando ser escuchado.
Durante años he acompañado a mujeres que llegan
diciéndome:
«No sé qué me pasa.»
«Sé que necesito cambiar algo, pero no sé por
dónde empezar.»
«Tengo todo para estar bien y, sin embargo, no me
siento bien.»
Y muchas veces una buena pregunta abre una
puerta.
Por eso he decidido volver a escribir yo
No porque piense que tengo que hacerlo todo sola.
Todo lo contrario.
He aprendido que también forma parte de crecer
saber qué delegar y qué conservar.
Y yo quiero conservar esto:
mi manera de mirar,
mi manera de preguntar
y mi manera de acompañar.
A partir de ahora quiero utilizar este espacio
para conversar contigo.
Sobre esas cosas que a veces nos pasan a las
mujeres y que no siempre sabemos explicar.
Sobre las decisiones que postergamos.
Los cambios que deseamos y nos asustan.
Los límites que nos cuesta poner.
El trabajo.
La familia.
La edad.
La culpa.
Los sueños que hemos ido dejando para después.
Y, sobre todo, sobre esa pregunta que aparece
tantas veces en determinados momentos de nuestra vida:
¿Y yo, qué
quiero ahora?
No pretendo darte respuestas.
Después de tantos años acompañando a mujeres,
sigo creyendo profundamente en el poder de una buena pregunta.
Porque una pregunta puede detenernos.
Puede incomodarnos.
Puede hacernos mirar hacia un lugar que
llevábamos mucho tiempo evitando.
Y, a veces, puede ser el comienzo de un cambio.
Ahora vuelvo a escribir yo.
Y me gustaría que, cuando leas algo mío, no te
quedes pensando en lo que yo he escrito.
Me gustaría que mis palabras te ayudaran a
escuchar las tuyas.
Porque, cuando hablo o escribo, deseo que quien
me escucha o me lee se encuentre con su propia voz.
Una última pregunta para ti
¿Hay algo en tu vida que llevas tiempo necesitando escuchar?
Bienvenida.
Tenemos mucho de qué hablar.
Mónica Pes
Coach para Mujeres